Desde 1970, en el mes de abril se celebra el Día Mundial de la Tierra con el objetivo de generar una conciencia colectiva sobre el impacto que generan factores humanos como la contaminación y sobrepoblación para la biodiversidad y la vida ambiental.

En las últimas décadas ha tomado fuerza el concepto de construcción amigable con el medio ambiente. Los gobiernos, y las sociedades de muchos países han optado por pensar en formas diferentes de planear y edificar proyectos, junto con la utilización de materiales y tecnologías que disminuyan el impacto ambiental negativo que se pudiera generar en la puesta en marcha y uso a mediano y largo plazo de los mismos.

De la misma manera, la optimización del uso energético es uno de los grandes retos de la industria; por lo tanto, es indispensable alcanzar la eficiencia energética en la producción y consumo, explorando nuevas fuentes de energía renovables, todo esto a la par de la innovación, garantizando comodidad y calidad de vida de la sociedad.

Así pues, una construcción sostenible es una que está en armonía con el lugar, en la que se hace un uso eficiente de la energía, el agua y la disposición de los residuos generados; éste ideal se alcanza tras diseñar un proyecto teniendo en cuenta el clima y la ecología del entorno en el que se haya decidido construir la edificación.

Debido a que cada año que pasa la población mundial va en aumento, se requieren nuevos espacios para establecer proyectos de construcción que respondan a las múltiples necesidades de la sociedad, sin embargo, estos avances en estructuras y obras arquitectónicas, de ingeniería civil, industriales, etc, deben surgir teniendo en cuenta un principio vital: el equilibrio entre la naturaleza y el progreso de la humanidad.